<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752</id><updated>2011-12-02T03:10:40.998-03:00</updated><title type='text'>NoToro</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>20</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-8391020851290774648</id><published>2011-05-08T20:49:00.000-03:00</published><updated>2011-05-08T20:52:12.547-03:00</updated><title type='text'>Catnip (Canción)</title><content type='html'>&lt;div style="FONT-FAMILY: 'Verdana'; COLOR: #008000; FONT-SIZE: 12pt"&gt; &lt;div&gt;Vuelvo a mi dulce hogar&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Veníme a saludar&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Te llamo y no maullás&lt;/div&gt; &lt;div&gt;¿Dónde te esconderás?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;Te comiste todo el pasto de papá&lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;¿Mi gatita dónde está?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;¿Mi gatita adónde irá?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;No me hagas asustar,&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Ya no sé donde buscar.&lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;¿Mi gatita dónde está?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;¿Mi gatita adónde irá?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Es grande esta ciudad,&lt;/div&gt; &lt;div&gt;y mayor mi soledad.&lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Te vi en otro bulín,&lt;/div&gt; &lt;div&gt;tirana y tan feliz&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Sufrí, amé y partí&lt;/div&gt; &lt;div&gt;¿Y Ahora qué será de mí?&lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me dejaste sin plantitas el jardín&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;¿Mi gatita dónde está?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;¿Mi gatita adónde irá?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No me hagas asustar,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ya no sé donde buscar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;¿Mi gatita dónde está?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;¿Mi gatita adónde irá?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Es grande esta ciudad,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;y mayor mi soledad.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-8391020851290774648?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/8391020851290774648/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=8391020851290774648&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/8391020851290774648'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/8391020851290774648'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2011/05/catnip-cancion.html' title='Catnip (Canción)'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-6179730066654395634</id><published>2011-05-08T06:07:00.000-03:00</published><updated>2011-05-08T06:08:39.027-03:00</updated><title type='text'>Nuevo sol</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormalCxSpFirst" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Camina por la ciudad de noche, adueñándote y enamorándote de sus sucias calles. Imaginando un mundo abandonado, en el que todos han muerto por una peste, ataque o bomba atómica. Eres el único sobreviviente, la última esperanza de la humanidad. Las casas duermen con sus luces apagadas y sus persianas cerradas. Los autos yacen muertos desparejamente en los cordones. El silencio todo lo llena, interrumpido sólo por tus pasos incesantes, recorriendo cuadras y más cuadras oscuras sin más compañía que tu propia sombra. Pierde el temor a la soledad, a la oscuridad y los peligros que acechan detrás de cada esquina. Pierde la cuenta de las calles que han recorrido tus pies en tantos años de caminata nocturna. Los amigos de la noche han ido desapareciendo, encerrándose cada vez más en su miedo. Quizás los has dejado atrás y, desamparados, murieron atrozmente atacados&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;por esos zombis que suelen perseguir a los rezagados. Mira las estrellas que parpadean en el negro vidrio del cielo, antes de que se rompa de una vez por todas y sus pedazos destruyan la Tierra. Pregúntate si habrá alguien observando desde lo alto del firmamento. Grítales que te vengan a buscar, si se animan. Verás que sólo los perros te contestarán. Imagínate rey del mundo, ahora que no queda nadie. Canta una canción para sentirte acompañado y acortar las distancias. Desafina a gusto, total nadie te escucha. Camina descalzo, para sentir el calor que emerge de las baldosas que han guardado un poco de sol sólo para tus pies. Patea piedras, botellas vacías, y escucha con atención su sonido ahora que todo calla. Imagina que una secuencia de acciones tuyas, como arrancar una hoja de ese árbol, tirar una moneda a esa alcantarilla, escupir esa estatua, y otras tantas insensateces pueden desencadenar un cambio irreversible en el universo. Siéntete un agitador de la teoría del caos. Todo lo que ves es tuyo, nadie va a pedirte explicaciones si decides robarte un poco de viento escondiéndolo entre tu ropa y tu pelo. Baila alocadamente, emborrachándote de la dopamina que te regalará el cerebro, recompensando tu estimulación. Nunca mires atrás, lo pasado lo has pisado ya. Desafía la ley de gravedad, tírate al piso de espaldas y siéntete flotar y elevarte del suelo mirando los altos edificios doblándose para mirarte. Rueda sobre tú mismo con los brazos extendidos, como cuando eras niño. Desnúdate para exorcisar ese sueño recurrente de ir a tu trabajo sin ponerte los pantalones. A nadie vas a espantar, ya que todos han muerto, recuérdalo. Recorre la ciudad en su totalidad, hasta que tus huesos se fundan con el esqueleto de las construcciones a medias. Mira un punto fijo en el horizonte y dirígete a él sin mirar el piso, y luego elige otro y dirígete a él cerrando completamente los ojos. No hay nada como caminar a ciegas por una calle vacía. Si te sientes inseguro, empieza de a poco. Primero cinco pasos, luego diez, te sorprenderás de lo que puedes lograr a largo plazo. Las calles son tus siervas, te obedecen, tú no las caminas, son ellas las que se deslizan bajo tu figura. Tú tienes el poder, siéntelo, úsalo, disfrútalo sin culpa. Si te cansas, échate en el banco de una plaza, amigándote con las arañas, las hormigas y los mosquitos que se te acercarán a pedirte consejo. Usa los toboganes y las hamacas a tu antojo, están ahí esperándote. Báñate en las fuentes públicas, bajo la mirada de los querubines de mármol o piedra pómez.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Cuando todo esté caminado y ya no quede nada que no hayas probado con tus cinco sentidos, róbate todas las luces de los faroles con una simple inhalación y dispáralas al río, verás cómo en la franja del horizonte se enciende la primera chispa del nuevo sol que has creado. Sonríe y vete a dormir en paz.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-6179730066654395634?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/6179730066654395634/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=6179730066654395634&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/6179730066654395634'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/6179730066654395634'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2011/05/nuevo-sol.html' title='Nuevo sol'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-5065097637189716879</id><published>2011-04-30T04:25:00.000-03:00</published><updated>2011-04-30T04:28:26.269-03:00</updated><title type='text'>¡Qué personaje!</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormalCxSpFirst" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;Solía ser bueno para escuchar. Las personas me abrían su corazón y me relataban su vida entera. Solía ser bueno para hablar. Ahora no hablo con nadie. Nadie habla con nadie. Se ha perdido el placer de la charla. La hiedra venenosa de la vergüenza al ridículo ganó terreno allí donde antes se plantaban bosques de anécdotas para escaparse del desierto de la monotonía. Una falsa humildad afecta a los argentinos, que tildan a cualquiera que cuenta sus vivencias de soberbio si la historia lo deja bien parado y de boludo si no. Es difícil escuchar sin filtros ni prejuicios.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;Pongan una mano en el corazón y digan si no se sienten incómodos cuando alguien se les pone a hablar en la vía pública: la desconfianza nos ataca, nos sonrojamos, miramos hacia otro lado y contestamos con monosílabos para cortar de raíz ese posible diálogo, como si nuestro tiempo fuera tan valioso como nuestro silencio. Ejemplos sobran:&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;Una chica lee un libro sentada en el subte y el chico tiene ganas de preguntarle o comentarle algo referido a él, pero no, rápidamente se instala en su conciencia la idea de que ella va a pensar que se la quiere chamuyar, que su interés es sólo un camuflaje para otra cosa. Y así se va creando una reverberancia, un eco, un acople de idas y vueltas de pensamientos hasta que, totalmente convencido de que es un denso acosador, el chico se mueve de lugar antes de que ella comience a gritar de terror. La chica, por supuesto, jamás se enteró.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;Un viejo se sienta a mi lado en una plaza y empieza a hablar de cómo era la ciudad hace cuarenta años: ¿tengo algo mejor que hacer que prestarle mi oído por cinco minutos? Las mejores historias de vida las escuché de esta manera. Pero ahora parece que está prohibido, y los pobres viejos terminan hablando con las palomas.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;Una señora le pregunta a una chica en el tren dónde se compró los zapatos, y la chica le contesta secamente que se los regalaron, antes de desviar la mirada. ¿Qué piensa? ¿Que la señora la está cargando por lo feo de los zapatos? ¿Que le quiere robar el súper modelo exclusivo de veinte pesos de imitación comprado en el once?&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;Y, dicho sea de paso, está totalmente mal visto hablar con menores. Pedofilia es una jugosa palabra que le gusta masticar al morbo general. ¿Qué pasó con la inocente pregunta de “qué querés ser cuando seas grande”?&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;Estos ejemplos no valen solamente para desconocidos. En cuanto uno se sale del patrón conversacional de fútbol-autos-minas y habla de algo un poco más profundo, inmediatamente es etiquetado de “personaje”, palabra que llegué a odiar, así sea dicha en forma admirativa.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="margin-left:36.0pt;mso-add-space:auto; text-align:justify;text-indent:-18.0pt;mso-list:l0 level1 lfo1"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-family:Calibri"&gt;&lt;span style="mso-list:Ignore"&gt;-&lt;span style="font:7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;El otro día, al mirar un farol en Plaza de Mayo, se me ocurrió por un momento que la luna había sido encarcelada. ¿A vos te pasó algo así?&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="margin-left:36.0pt;mso-add-space:auto; text-align:justify;text-indent:-18.0pt;mso-list:l0 level1 lfo1"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-family:Calibri"&gt;&lt;span style="mso-list:Ignore"&gt;-&lt;span style="font:7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Jaja. ¡Qué personaje!&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="margin-left:36.0pt;mso-add-space:auto; text-align:justify;text-indent:-18.0pt;mso-list:l0 level1 lfo1"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-family:Calibri"&gt;&lt;span style="mso-list:Ignore"&gt;-&lt;span style="font:7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;¿Sabías que los esquimales nombran a la nieve y al hielo de cien maneras diferentes?&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="margin-left:36.0pt;mso-add-space:auto; text-align:justify;text-indent:-18.0pt;mso-list:l0 level1 lfo1"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-family:Calibri"&gt;&lt;span style="mso-list:Ignore"&gt;-&lt;span style="font:7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;Compartí lo que estás fumando...&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;Lo comprobé en mi trabajo. Me di cuenta de que mis clientes se ponían a observar detenidamente todo lo que yo hacía con las máquinas, preguntándome si estaba bien que sacara tal tornillo; o bien se incomodaban y se dignaban a saludarme y nada más. Al ver trabajar a un colega, y su éxito en esquivar este trance, inventé un manual de comportamiento social para técnicos:&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;1 – Procédase a comprar la revista Olé.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;2 – Interiorícese en nombres de jugadores, resultados y hasta cantitos de hinchadas.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;3 – En cuanto pueda, averigüe de qué cuadro es admirador (léase hincha) su cliente.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;4 – Si le resulta difícil preguntárselo a boca de jarro, vístase un día con una camiseta de River, por ejemplo. Si recibe un saludo efusivo, ya lo sabe. Si recibe una cargada socarrona, también. Esto vale para cualquier equipo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;4 bis – Si le resulta embarazoso ponerse una camiseta de fútbol, opte por observar el semblante de su cliente el día lunes. Si está contento, dígale: “vos debés ser hincha de... (equipo que ganó por goleada el fin de semana)”. &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;5 – Repita los titulares leídos en el punto 2 referidos al equipo del cliente.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;6 – Verá automática y asombrosamente cómo, el hasta ahora parco cliente, se distiende y comienza un monólogo futbolero, dejando así de romperle las pelotas con las cuestiones de la máquina.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;7 – Trabaje tranquilo y sin interrupciones, sonriendo y asintiendo cada tanto con la cabeza a la inentendible jerga que despliega dicho cliente, que ahora le ofrece un cigarrillo, le invita un café y hasta quiere hacerle gancho con la hija.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;Mi experimento duró poco, ya que me aburrí de comprar la revista Olé, pero fue altamente esclarecedor. &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;La conversación es una droga sana. Conversar con un desconocido es como tomar mate, fumarse un porro, masturbarse o hacer pogo en un recital. Relaja, distiende.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;El problema es lo acotado de las temáticas socialmente aceptadas en la actualidad.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;En mi estadística personal, he tenido conversaciones mucho más interesantes con “personajes” que con el argentino promedio. Aún cuando mi memoria, deteriorada enormemente, no me permitió guardar el registro de lo conversado, el leve recuerdo de haber hablado de bueyes perdidos por un buen rato, siempre me produjo alegría.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;Perdamos el miedo, la histeria, la vergüenza, el doblepensar orwelliano, el pudor; saquémonos los auriculares, volvamos a conversar, a mirarnos a los ojos. Abramos el espectro de lo que se puede hablar, hay tantas cosas interesantes para escuchar todavía.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormalCxSpMiddle" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;&lt;b&gt;Me estoy quedando sordo lenta y sostenidamente, y no sé si en el fondo es por voluntad propia.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-5065097637189716879?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/5065097637189716879/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=5065097637189716879&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/5065097637189716879'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/5065097637189716879'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2011/04/que-personaje.html' title='¡Qué personaje!'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-2179836474845032955</id><published>2011-03-31T23:10:00.002-03:00</published><updated>2011-03-31T23:16:26.348-03:00</updated><title type='text'>Apagones</title><content type='html'>&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; 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Chillidos penetrantes atravesando la oscuridad total. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Era el fin del mundo conocido. Una transición a otra realidad que los niños gobernábamos en una histeria colectiva. Se rompían ventanas, se daban vuelta los tachos de basura, se robaban besos y se tocaban culos a diestra y siniestra, y se repartían cachetazos de igual manera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Igualmente el motín duraba poco, porque salían raudamente los dueños del hotel a cazarnos para llevarnos de las orejas a nuestras respectivas piezas, donde volvíamos a ser pobres corderitos injustamente castigados.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;¡Pero qué placer daba ser demonios por un rato! El lado oscuro nos atraía con su recompensa de gloria. Nos hacía sentir los seres más inteligentes del planeta. Jamás nos arrepentíamos, los castigos solamente nos daban más temple. Todo formaba parte del aprendizaje. Éramos los boy scouts del infierno. Íbamos sumando ítems en la lista imaginaria de travesuras, ganando medallas hechas de chapitas de gaseosa aplastadas por nuestro coraje y osadía.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Con mi cara de nene bueno, engañaba al chino del almacén de la esquina cuando me mandaban a comprar, mientras mis camaradas manoteaban los paquetes de papas fritas, maníes, y todo lo que cabía en sus pequeñas manos. Después salían corriendo, y mientras el chino corría tras ellos, yo metía en la bolsa aún más paquetes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Al chino le faltaba una mano; o no, no podíamos saberlo a ciencia cierta, porque siempre la guardaba en el bolsillo izquierdo. Atendía los pedidos con la derecha y nosotros tratábamos de sonsacar con la mirada qué era lo que escondía en la otra extremidad. Orlando me contó que una vez lo alcanzó en la carrera y lo llevó de regreso al almacén. Una vez ahí, lo hizo entrar a la parte de atrás y le mostró el secreto. “Esto. Madera.”, le dijo amenazándolo con la mano artificial. Según Orlando, movía los dedos falsos con maestría, y rompía ladrillos con sólo tocarlos con el puño. Orlando nunca fue bueno para mentir, exageraba demasiado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;A otro quiosquero de la vuelta le robábamos Cabshas y chocolatines Jack cada vez que se daba vuelta. Mi corazón latía con fuerza durante la proeza. Comprendí que robar produce un placer que crea una adicción. La recompensa del ladrón es su sentido de triunfo. A través del engaño, convertirse por un instante en el más piola de todos. El mundo está lleno de giles, se piensa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Además de caramelos y chizitos, comenzamos a robar las marcas de los autos. Las había fáciles de sacar, como las de Renault y Ford, que sólo estaban pegadas y bastaba hacer palanca con una chapa para sacarlas; y las había de metal, incrustadas en la chapa, como las de los Siam Di Tella y demás autos viejos, que costaban un poco más de esfuerzo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Con nuestro botín, nos metíamos en el baldío que había junto al hotel y lo escondíamos en un pozo. “Esto hay que ir a venderlo a Warnes”, decía Orlando. En mi imaginación, Warnes adquiría la forma de un paraíso para los ladrones, donde se pagaban fortunas por esas chucherías y además te felicitaban y te encargaban más. De todas formas, jamás las sacamos del pozo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Mis días de ladrón se terminaron cuando me crucé con los mellizos. Los trajo Orlando un día para que los conociéramos. Los mellizos tenían carrera, aunque eran más chicos que nosotros. No sólo le robaban cosas a la abuela con la que vivían, sino que se dedicaban a botines más ambiciosos que vendían rápidamente. Nos reunimos en el baldío una noche y sacaron de una mochila anteojos de sol, una cámara de fotos, un Top Toys y otras cosas de valor. Orlando quería que nos asociemos para planes de más envergadura. Al mirar a los mellizos, me dio un escalofrío descubrir la mirada más perversa que jamás había visto. Sus ojos, negros como debía ser de negro el infierno, traslucían pura maldad. Enfrentarlos era como pararse en un precipicio y mirar un abismo infinito bajo nuestros pies. Frente a ellos, los giles éramos nosotros. Les dije que sí, seguro, para salvar el pellejo. Imaginaba aterrado que luego de mostrarnos lo suyo, nos matarían sin vacilar si no aceptábamos. Nunca me quise cruzar de nuevo a esos mellizos hijos de puta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Si bien jamás volví a robar, la experiencia me hizo reconocer una faceta que traía desde mi nacimiento: el placer de romper las reglas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Siempre me había parecido más divertido buscarle la tangente delirante a los juegos. Por ejemplo, en un partido de fútbol, en lugar de sentir el goce de gambetear al rival, me divertía más darles de lleno con la pelota, apuntando a la cara o a los genitales, preferentemente. En lugar de sentir la alegría de meter un gol, disfrutaba más colgándola en una terraza vecina, con su consecuente negociación para el rescate, que a veces no resultaba y nos íbamos con la pelota tajeada o pinchada por un viejo choto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Este patrón se repetía en cada juego que aprendía. Me aburría de jugarlo según las reglas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Con el laosiano C’nen jugábamos a las damas usando monedas de cien pesos a falta de fichas. Al tiempo de probar todas las variantes, y habiéndonos convertido en expertos jugadores (debe ser el único juego que dominé a la perfección), empezamos a inventar nuevas formas de jugar. De atrás hacia adelante, con cinco fichas cada uno, usando los casilleros blancos para un juego y los negros para otro, teniendo el tablero lleno de monedas, etc. Con nadie más compartí esas ganas de cambiar el juego, llegando a soñar nuevas variantes y probarlas con mi entusiasta amigo asiático.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;A veces salíamos de noche por el barrio y en lugar de jugar al conocido ring-raje, nos parábamos frente a un edificio totalmente a oscuras, apostando qué ventanas se iluminarían primero. Luego, gritábamos con todas nuestras fuerzas, desgarrándonos la garganta. Entonces comenzaba el juego de luces que se prendían y persianas que se abrían. Nos íbamos corriendo y riendo a probar alguna otra loca idea de diversión.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Me hice hermano de los laosianos, con los que salíamos descalzos a caminar por el Mercado de San Telmo y nos poníamos de cuclillas a comer un bol de ensalada de zanahoria llena de ají putaparió, ante la vista aterrada de las vecinas que iban a comprar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Mi tortuga se fugaba de la pieza bastante seguido. Una vez la tuve que ir a rescatar de la olla de los laosianos que habían visto entrar resueltamente, como un regalo del cielo, ese animalito por la puerta de su habitación. Cuando supieron que era nuestra, ofertaron un buen número para que mi vieja se la vendiera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Iban todos los días a la costanera y volvían con baldes llenos de bichos desconocidos para mí. Todo lo mandaban a la olla: anguilas, serpientes, hasta insectos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Unos copados, los refugiados laosianos. Al tiempo los mandaron a San Vicente y a Cañuelas a laburar el campo, que era su especialidad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Pero me fui por las ramas otra vez.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Además del placer de romper las reglas, contaba con la pulsión a desobedecer toda autoridad, comenzando con la de mis padres. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;A la edad de cinco años, mi madre me tuvo que encerrar desnudo en la habitación para que no me escapara a jugar. Pensaba que al esconderme la ropa, me desmoralizaría. Y ahí salió el pibe en pelotas a correr esquivando los manotazos de la madre que lo alcanzó de los pelos y lo llevó de regreso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Un poco más grande, y en otro encierro, esta vez con llave, prendí fuego al tacho de basura y tuve el chispazo de consciencia para apagarlo al alcanzar las llamas una altura considerable.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Simplemente no podía estar encerrado. No por claustrofobia, sino por esa tremenda inquietud que sacudía mi cuerpo pidiendo libertad. Ese impulso a escapar que generaba hasta episodios de sonambulismo en los que salía corriendo pidiendo ayuda. Esa negación a aceptar que mi hermana viniera a buscarme a las diez de la noche a la calle, enviada por mi padre, lo que generaba castigos a cintazos. Esa sensación nocturna de cosquilleo en mis piernas, que ahora se sabe que es un “síndrome de pie inquieto”, pero que en esa época hacía que la pediatra me recetara un jarabe y unas pastillas para dormir, al no encontrar nada extraño en los electroencefalogramas que me ordenaba periódicamente. Esa noche a mis seis en que le dije a mi padre que me iba a ir de casa si me seguía pegando y él, seria y tranquilamente, me mostró la puerta. Y yo, carajo, no me fui. Pero prometí en silencio que algún día. Algún día.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Ser libre no es el fin del escape. El después, el qué hacer con esa libertad, es la cuestión. Uno se da cuenta con los golpes que a veces la libertad es difícil de manejar. Hay gente que puede controlarla y hace cosas maravillosas, y otros que sólo siguen buscando más límites por romper. Siguen tentando al destino y buscando inconscientemente ese castigo paterno durante toda su vida. Con la sociedad, con sus jefes en el trabajo, con la policía, hasta con su propio cuerpo y su propia mente. Y con la muerte, que es el juego con reglas imposibles de cambiar. La muerte, ese gran corte de luz en el que nos sumergiremos gritando desquiciadamente o en total silencio rumbo a otra transición.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:115%;font-family:&amp;quot;Calibri&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; mso-fareast-font-family:Calibri;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-2179836474845032955?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/2179836474845032955/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=2179836474845032955&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/2179836474845032955'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/2179836474845032955'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2011/03/apagones.html' title='Apagones'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-8439442151928565267</id><published>2011-03-31T00:06:00.005-03:00</published><updated>2011-03-31T00:15:29.408-03:00</updated><title type='text'>Una flor abierta al Sol</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Su vecino, el tucu, lo bautizó Loki. No por el dios del engaño nórdico, sino por loquito. Pertenecía a esa subespecie de niño problemático por naturaleza que todo padre teme engendrar. No hablaba, gritaba; hasta que se daba cuenta de que no era escuchado. Entonces callaba y se refugiaba en su mundo. No caminaba, corría; por eso una tarde se partió la nariz contra una pared jugando al gallito ciego. En su mundo tenía superpoderes, acá no.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue adoptado como sobrino por el tucu, que lo llevaba en el portaequipaje de la bicicleta a sus partidos de fútbol en las plazas de la costanera o en los bosques de Palermo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En realidad era tratado más bien como una mascota, pero con sus ocho años no cuestionaba esos paseos que nadie más le daba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su padre era bancario, y por no haber terminado los estudios jamás lo ascendieron de jefe de sección, por lo que hacía el trabajo extra de sus compañeros los fines de semana.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su madre agradecía que alguien la liberara de la carga de cuidarlo los domingos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Así Loki fue conociendo el exterior del hotel y agregando ese nuevo tío tucumano a su familia postiza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se daría cuenta con el tiempo que el tucu no era tan buen tipo como parecía, pero no se quejaría. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Le hacía bromas pesadas y crueles, como no pagarle el boleto del colectivo, obligándolo a colarse, asustándolo una vez arriba con que la policía lo iba a llevar preso. Otras veces, se hacía el ofendido por cualquier estupidez, haciéndolo sentir mal sin saber porqué. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero no todo era negativo. Gracias a él, y en sus miles de paseos, Loki aprendió a jugar a la pelota, a andar en bicicleta, a jugar a las cartas, a matar a un chancho, algunas nociones de boxeo y a hacer la vertical, entre otras prácticas deportivas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Conoció el sabor del asado, el olor del Río de la Plata, el sonido de los largos viajes en un furgón de tren, cómo robar cospeles de teléfonos públicos y nociones de electricidad saqueando cables, lamparitas, fichas y tomas de otro hotel abandonado al que el tucu lo hacía entrar por una ventana. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después el tucu se mudó a otro hotel, y Loki siguió visitándolo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Iban en silencio a espiar la habitación frente a la suya, donde vivía solo un viejo que se relataba a sí mismo lo que iba haciendo: “Bueeeeno, ahora voy a pegarme una ducha, después veré si pico algo...”. “Bueeeeno, qué rica me salió la comida. Ahora a dormir...”. Comenzaba todas sus frases con el mismo latiguillo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un día, el tucu estaba con una jovencita rubia bastante linda, que presentó como su flamante esposa, Margarita. Años después, Margarita le contaría a Loki cómo fue a parar de las afueras de Oberá a esa habitación de dos por tres.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tucu había puesto un aviso en una revista de pen-friends con sus datos y sus preferencias. Margarita lo leyó y quedó cautivada por ese hombre que se describía musculoso, alto, buen mozo, trabajador y en busca de una relación seria y estable. Y con residencia en Buenos Aires, el sueño de esa pobre chica de campo, de familia numerosa. Para terminar de conocerlo, le escribió pidiéndole una foto. Quién sabe porqué, no le sorprendió que la foto recibida fuera un recorte de revista. Simplemente quedó fascinada con la pinta de galán de cine del tucu. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hizo su maleta y se tomó el tren a Capital, peleándose con su padre, que le prohibió regresar. Al bajar, buscó con la mirada a ese rubio de ojos celestes, demasiado parecido a Paul Newman. Se le acercó a hablar un morocho petiso y feo, al que ella no le prestó atención. No quería que su galán la viera hablando con otro hombre. Hasta que el negro le preguntó si ella era Margarita. No le quedó otra que casarse con el tucu, que la llevó a vivir al dos por tres de Monserrat.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al poco tiempo, el tucu se aseguró de hacerle un hijo y se mudaron a un conventillo tomado en San Telmo, a media cuadra del hotel donde vivía Loki, por lo que las visitas de éste fueron más frecuentes. Adoptaron un perrito, al que Loki bautizó Sarnita, por encontrarlo en estado deplorable. El tucu dejaba que Loki sacara a pasear a Sarnita junto con Mauricio, otro vecino del conventillo, quien tenía su misma edad. Enseguida se hicieron amigos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mauricio era el único hijo de una pareja de chilenos. Loki jamás había conocido a un niño más dulce, bueno, estudioso, educado y frágil. Lloró más que Loki el día que Sarnita murió envenenado. Entre los dos habían pasado a llamarlo Sarnicolás.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con Mauricio, Loki compartía su mundo de fantasías mientras jugaban en una habitación sin techo en medio del conventillo. La gente había empezado a tirar escombros y basura en ese espacio cuya pared daba al pasillo de entrada. Una vez encontraron lo que quedaba de una moto robada, que era poco, y lo convirtieron en una nave espacial que les dio horas de alegría. Loki no podía prever que mucho después ese lugar se llenaría tanto de basura que terminaría haciendo ceder la pared del pasillo, justo cuando Mauricio volvía de la escuela. No había palabras que decir para calmar el desconsuelo de los padres, que enloquecieron de dolor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con Mauricio, murió también, enterrado bajo la basura, el mundo de fantasía de Loki.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Clausuraron el conventillo y lo desalojaron. Con los años fue cancha de paddle y hoy es un locutorio. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tucu tuvo tanta suerte que consiguió trabajo de portero en un edificio de Almagro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para esta altura Loki vivía ya en Lanús, así que se tomaba el 160 para visitarlo. Un día también cayeron de visita los padres de Mauricio, con una botella de vino bajo el brazo. Así pasaban sus días, vagando y emborrachándose para no pensar en el niño que Loki, esa tarde, les recordaba más que nunca.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El trabajo de portero fue una bendición para el tucu, y Loki lo ayudaba a sacar la basura de los 15 pisos. En el sótano, el tucu le contó a Loki cómo llevaba hasta un colchón que guardaba ahí a las nenas que pasaban pidiendo plata por la calle. El tucu no era tan buen tipo como parecía, pensó Loki, que ya tenía 17 años y se daba cuenta, quizás por primera vez, de la realidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue en una de las últimas visitas, que Loki se quedó a solas con Margarita mientras el tucu andaba con el hijo por alguna otra parte. Hablaron largo y tendido. Ella le contó su historia tomándosela con humor. Le dijo que estaba cansada de vivir una vida que no pidió, por lo que se desquitaba acostándose con algunos vecinos de los departamentos, que le tiraban unos pesos. Loki escuchaba atentamente las aventuras sexuales de esa flor que ahora se abría frente a él, preguntándole si tenía novia, si ya había tenido sexo, mientras se le acercaba cada vez más y lo empujaba suavemente a la cama matrimonial.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La última vez que Loki pasó por el último piso de ese edificio, encontró al tucu solo. Margarita ya era una palabra impronunciable después de haberla encontrado en la terraza tomando sol desnuda con un primo suyo que había ido de visita. En realidad, el sol pegaba de lleno en la espalda del primo, y un poco nomás en las piernas abiertas de Margarita.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tucu la había echado de su casa y estaba haciendo trámites para quedarse con el hijo, cosa que se veía difícil. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para disimular su alegría, Loki le pidió al tucu que le vendiera el televisor color Grundig que tenía. Arreglaron el pago para la siguiente semana, porque Loki había llevado la plata justa para el taxi que lo iba a llevar con el televisor a Lanús. Loki jamás volvió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Unos meses después, paseando por Palermo, Loki vio a Margarita. Iba tomada del brazo de un hombre mayor y muy bien vestida. Sonrieron y se guiñaron un ojo en silencio al cruzarse.&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-8439442151928565267?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/8439442151928565267/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=8439442151928565267&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/8439442151928565267'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/8439442151928565267'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2011/03/una-flor-abierta-al-sol.html' title='Una flor abierta al Sol'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-6545045337863853221</id><published>2011-03-13T21:50:00.003-03:00</published><updated>2011-03-13T21:59:03.601-03:00</updated><title type='text'>Tangos fatales</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Además de ser un campo de refugiados, el hotel era también un cementerio de elefantes para gente con pasados totalmente disímiles pero todos con el mismo destino fatal. Perdedores de la vida, prófugos anónimos, decadentes y fracasados; todos se cruzaban por sus patios, compartían el almuerzo y cena en el salón comedor de la planta baja y colgaban la ropa en la terraza infestada de ratas gigantes, cucarachas voladoras y hormigas milenarias.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Pero vos, viejo y querido Justo Pastor Luján, inquilino de la habitación 56, no podías darte el gusto de bajar al comedor. Pese a llevar ese nombre tan cristiano, ya habías dejado de creer en la justicia divina. Sí creías fervientemente en la fatalidad. La que te llevó de codearte con lo más alto de la bohemia porteña, la crème de la crème de Buenos Aires, a terminar tus días en esa habitación de dos por cuatro metros. Dos por cuatro, Luján. Como el ritmo que llevabas en las venas. Martillero público de profesión, tu amor por el tango fue más fuerte y te llevó a editar la revista Tangovisión a mediados del siglo pasado. Además de escribir vos mismo unos cuantos tangos que guardabas en una carpeta apolillada, escondida junto a tus tesoros debajo de la cama.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;¿Te acordás de mi vieja, Luján? Una de las pocas personas a las que le caías bien en el hotel. Los demás te miraban con recelo, creían que te dabas aires de bacán. Y las viejas chusmas, al verlos hablando en el patio, ya comentaban que entre ustedes dos pasaba algo, pese a que contabas ya con unos setenta años. Por suerte, a mi vieja le resbalaban lo que dijeran. A ella le gustaba conversar con alguien por fin interesante entre toda esa gente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Ella fue la que me mandó por primera vez a la cocina del hotel para llevarte la comida a la habitación. Esa larguísima escalera de metal podía ser mortal para vos, llevando un bol caliente y sin poder agarrarte del pasamanos. Debo confesarte, viejo Luján, que al principio no me gustó ni un poco ser el chico de los mandados de un viejo choto; pero un poco por haberte adoptado como abuelo postizo y otro poco por compasión, se me hizo una agradable costumbre con el tiempo. Puede ser también por esa bronca que despertabas en los cocineros, que puteaban cada vez que pedía “algo sano para el viejo Luján, que es diabético”. ¡La cara que ponían, viejo! Era para reírse. Se ofuscaban y rumiaban mientras servían en el bol lo mismo que le daban al resto: “Decile a Su Alteza que no le vamos a dar el veneno de siempre”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;¿Y cuando me hacías ir a devolverles la comida porque te resultaba asquerosa? Decí la verdad, eso lo hacías de pura maldad, seguro te reías imaginándote las puteadas que me mandaban a decirte. Cada vez que oigo que alguien se queja diciendo: “¡Esto no es un hotel para que cada uno coma lo que quiere!”, me dan ganas de contarle que en el hotel tampoco lo hacían.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;En realidad, para mí no era fea la comida, mi viejo me había acostumbrado a la fuerza a comer lo que haya, será por eso que ahora no hay plato que me disguste. Lo que sí debo reconocer es que tampoco era comida muy nutritiva, a juzgar por lo escuálido que estuve en esos años, a pesar de comer siempre ese menú. Yo iba con mis amigos al comedor. Me acuerdo de la cara sonriente del Pelado (Don Domingo, el gallego dueño del hotel) cuando recorría las mesas con su sopera ofreciendo la sopa. Mejor llenarse de sopa y no comer el resto, ¿no Pelado? Conmigo no resultaba esa estrategia, ya que me devoraba cinco platos de sopa junto a una panera llena de mignoncitos, y luego arremetía con el resto del menú. ¡Cómo se transformaba su cara al verme engullir los fideos, milanesas, arroz con pollo, matambre con rusa, y hasta la espantosa pata de chancho llena de pelos! Rezaba su oración favorita: “¡Me cago en la hostia!”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Después, viejo, te subía el bol y te acompañaba mientras comías y me contabas de a poco tu pasado. Ilustrabas tus historias con tu carpetita de letras de tango, autografiadas por conocidos cantantes y directores de orquesta que las incluían en su repertorio. Miles de tangos melancólicos surgidos de tu atormentada vida. Me mostrabas tu joya más preciada, el Rolex original en su caja aterciopelada. También el martillito de tus días de martillero, y la bandera roja con la palabra REMATE pintada. Tu biblioteca armada con cajones de manzana, llena de libros y suvenires de una vida mejor. Todo apretado en tu pieza de dos por cuatro, que costaba más cara si uno quería, como vos, no compartirla con otro inquilino, por miedo a los robos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;En ese dos por cuatro entraba la cama, un ropero desvencijado, la biblioteca, una mesa y una silla. Eso era todo. Toda la vida de una persona guardada en un mínimo espacio. En el ropero, tus decenas de corbatas de seda italianas y francesas. ¿Te acordás cuando me contaste que jamás repetiste ninguna? ¿Para qué las guardaste, Luján? Vendelas, junto con el Rolex, ¿para qué querés todo eso? te preguntaba. Y vos te aferrabas a esos tesoros como un náufrago a un tronco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;¿Te acordás de ese otro viejo que vivía en la 49, que tenía todo en cajas de cartón? Todo, todo. La ropa, en cajas de cartón. La tele, en otra caja de cartón con un agujero para mirarla. La radio portátil, en una cajita armada del mismo tamaño, con agujeritos para la antena y los controles. ¿Dónde fue a parar todo eso? El viejo se murió y todo el mundo se rió de su locura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;¿Y por qué quedaste así, tan desamparado y navegando en la carencia, con tu sola pensión salvándote de quedar en la calle? Por una mujer, me contaste. Una rubia de película que te enamoró perdidamente y te dejó en la lona. Me contaste que el no haberle podido dar hijos hizo que te engañara primero y luego, junto a un abogado con el que también se acostaba, hiciera todo lo posible para dejarte sin nada. ¿Lo logró? No, te quedó la dignidad, me dijiste.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;¿Y tu familia? Cuando se murieron tus viejos, tus hermanastros no te dieron nada de la herencia por ser adoptado. ¿Era verdad todo esto, o era otro tango más en tu carpeta? ¿Por qué no luchás, no querellás para recuperar lo legalmente tuyo? Por orgullo nomás. Es la fatalidad que así lo quiso, me decías. Y mientras tanto, seguiste escribiendo poemas, hasta ese me que recitaste que hablaba del mismo hotel y del que sólo recuerdo el verso que decía que estaba lleno “de curdas y de alcahuetes / y alguna buena mujer”. Por vergüenza no se lo mostraste a nadie más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Me acuerdo, viejo Luján, de las armas de madera, con el mecanismo lanza-gomitas, que fabricabas para que juguemos los chicos gritando a la hora de la siesta. Otro reproche más de los vecinos por incentivarnos a no dejarlos descansar. Te reías, viejo. Todavía conservabas el don de la ironía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;¡Ay viejo Luján! ¡Cómo te extrañé cuando me mudé a Lanús! En realidad, ya no eran interesantes tus historias repetidas. Se te habían acabado ya los chistes verdes, las anécdotas, las fantasías. Y sin embargo, cada tanto viajaba a San Telmo para visitarte y ver cómo andabas. ¿Quién te llevaba la comida ahora? ¿Quién te escuchaba durante horas? Yo te visitaba para sentir ese ambiente melancólico que ya se me había hecho carne. Esa nostalgia que me habías contagiado, y que en mi caso era nostalgia de lo no vivido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Con el tiempo te quedaste ciego, eso me acuerdo. La mala alimentación y la falta de cuidados te hirieron donde más te dolía. Ya ni siquiera encontrabas el Rolex, buscándolo a tientas por los rincones de la habitación. ¿Te acordás de esa noche que te despertaste sediento y manoteaste la pava para tomar un poco de agua? En cuanto metiste el pico en tu boca, sentiste las cucarachas escurrirse junto con el agua. Cuando te diste cuenta, ya te las habías tragado, sólo una se escapó por el costado de tu boca. Me lo contaste riéndote, como ejemplo de tu desgracia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Volví un domingo de elecciones, que me pediste que te acompañe a votar. Querías con todas tus fuerzas votar por un candidato en particular. No creo que haya sido por el turco. Tus débiles piernas apenas te sostenían. La ceguera te daba vértigo. Tardamos dos horas en hacer diez cuadras. Querías regresar y yo te alentaba para que logres votar a quien querías. Cuando llegaste a la escuela, ya estaban a punto de cerrar. Me acuerdo las expresiones de los fiscales que ya querían terminar de una vez por todas con ese circo. Así y todo, te acompañaron al cuarto oscuro. Cuando volvimos al hotel y te pregunté por quién votaste me dijiste que agarraste el primer papel que sentiste en la mano y lo metiste en el sobre. Para mí eso fue una traición, viejo. Ahora te pido perdón, pero esa vez me dio mucha bronca. Tanto esfuerzo en vano. Toda la travesía del ciego tirándose al piso mareado, queriendo volver a los gritos, y el pibe que te decía dale viejo, dale que falta poco, hacelo por tus ideas, la concha de tu madre, vamos que vos podés, es una vez cada seis años (todavía era así), la gente que me miraba como si te estuviera robando, dejá al viejo en paz, no ves que no quiere caminar, callate vieja chota, dale Luján, carajo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;No volví en mucho tiempo al hotel. Cuando pasé me dijeron que habías muerto hace rato. ¿Y las cosas? ¿La carpeta, las revistas, el martillito? Todo se lo quedó una vieja que dijo que era la novia, pero jamás nadie los vio juntos. Se lo dieron de todos modos. ¿A quién le podía importar tanta basura?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Luján, no sé por qué te cuento todo esto, si ya lo sabés. Es sólo un entripado más. Tu historia merecía ser contada por alguien con más oficio, viejo, yo no soy el más apropiado. Tal vez lo hice para exorcisar el miedo que le tengo a la posible fatalidad de terminar mis días solo, abandonado en un hotel, como vos y tantos otros que conocí. ¿Que si creo también en la fatalidad? No sé, el tango me gusta poco, viejito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-6545045337863853221?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/6545045337863853221/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=6545045337863853221&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/6545045337863853221'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/6545045337863853221'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2011/03/pastor-de-nostalgias.html' title='Tangos fatales'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-1559862495304181271</id><published>2011-03-06T02:58:00.002-03:00</published><updated>2011-03-06T03:04:35.804-03:00</updated><title type='text'>Culo, nene.</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Corría el año 1984 y Michael Jackson era furor en el mundo. No sólo Thriller batía récords de venta, sino que el breakdance había explotado en las calles y en mi cabeza. Yo tenía nueve años y veía un programa que se llamaba: “Bailando con Michael Jackson y sus amigos”. El ya fallecido Domingo Di Núbila hacía bailar el nuevo ritmo a chicos y chicas para concursar por un viaje a EE.UU. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Yo soñaba con estar presentando mis para nada despreciables pasos y piruetas breakdance, y practicaba con mis amigos en el patio del hotel todas las noches. Practicaba en los recreos de la escuela con mis compañeros, también: ensayábamos una coreografía pedorra con Gabriel Escobar que repetíamos en los asaltos y cumpleaños, copiada de la película Breakdance. Con mis vecinos era distinto, nos presentábamos en las calles del centro sobre unos cartones estirados en el piso. Alguien llevaba un grabador y ahí estábamos, haciendo “la caminata lunar”, “el molinete”, “la calesita” y tantos otros trucos que nos salían más o menos. Nunca nadie nos tiró una moneda. Nos echaban de las galerías y nos pisaban los cartones en la peatonal. Pero al volver al hotel transpirados y agitados, nos sentíamos personajes de un video clip. Y seguíamos ensayando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El hermano mayor de uno de mis amigos había estado preso por robo. Era una especie de héroe para nosotros. Nos miraba bailar y nos incentivaba mientras el resto se reía de nosotros. Cuando vi el tatuaje que llevaba en el brazo, de una cruz, le pregunté qué significaba. No me contestó. En ese silencio se escondió para mí algo fantásticamente heroico. Un misterio impronunciable, una hazaña imposible de explicar con palabras. Al poco tiempo, volvió a la cárcel.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Una tarde recorríamos el hotel, mis compinches y yo, y vimos que en una habitación un chino le dibujaba un tatuaje a un vecino cubano en el hombro. A este cubano le debo el haber detenido por primera vez mi mirada sobre el trasero de una mujer. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Por casualidad caminaba un día junto al cubano por la calle Perú y adelante nuestro iba una mujer de unos cuarenta años. El cubano me señaló a la mujer y me dijo: “Mira bien, chico. Ese es el culo de una mujer, lo más hermoso de este mundo. Hay que arrodillarse ante algo tan precioso”, y algunas otras cosas por el estilo. Su aliento a vino, ron o quién sabe qué me golpeaba mientras yo miraba esa cola prensada en unos jeans preguntándome qué tenía de especial algo tan feo. Porque para ese tiempo yo ya había descubierto las bondades del rostro, los pechos, las piernas y la cintura fina de las chicas; gracias a la televisión y la publicidad. Pero del culo, eso que servía para sentarse y nada más, nunca me había percatado. Miré con atención, hice una mueca de desagrado y me fui hacia otro lado. Pero nunca volví a ser el mismo, el virus que el cubano me contagió en la mente jamás me abandonó. A partir de ese día, no paré de prestar atención a las formas, consistencias, turgencias y movimientos de los miles de culos que caminaron ante mí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La tarde en que el chino le tatuaba, a mano, un santo en el hombro, punto por punto, el cubano me sonrió en complicidad y yo desvié la mirada con culpa. No señor, yo no ando por ahí mirando culos como usted. El dibujo ya estaba terminado, sólo faltaban detalles que el chino le daría cuando estuviera cicatrizado. Maravillados por el formidable parecido del tatuaje con el dibujo modelo, formamos ronda mis amigos y yo para discutir la necesidad de hacernos un tatuaje que nos haga hermanos de sangre. Todos nos excitamos con la idea de llevar un mismo dibujo en la piel por el resto de nuestras vidas. Encaramos al chino y le dijimos que queríamos tatuarnos. El chino nos miró a través del humo de su cigarrillo, lo que lo hacía más chino, y nos dijo que no. Que éramos muy chicos para eso. El cubano habló en nuestra defensa, tratando de convencerlo. El tatuador negoció diciendo que si nuestros padres nos dejaban, lo haría. Salimos corriendo a los gritos. Subimos la escalera y nos quedamos en un pasillo unos minutos. Luego bajamos y le dijimos que teníamos permiso. El cubano festejó y me abrazó para darme coraje, ya que yo iba a ser el primero en prestarme para el ritual. Mi corazón latía con fuerzas y mi conciencia peleaba por prevalecer ante la sinrazón que iba a cometer. Cada vez que lo pienso, no me entra en la cabeza cómo se me ocurrió algo tan temerario, por no decir pelotudo; cómo el cubano nos incitó y cómo el chino se creyó lo del permiso. Un dominó de pelotudeces se formó esa tarde en esa habitación. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Ante la pregunta de qué me quería tatuar, las opciones que mi experiencia me mostraba eran dos: la cruz del héroe reo o el santo del cubano. Elegí la cruz por ser más chica. En el mismo lugar en que lo había visto, en el antebrazo. El chino mojó la aguja en tinta y en tinto, en vino tinto; para desinfectarla, me imagino. Luego la clavó en mi brazo unas cuantas veces. Se repitió esta secuencia hasta que, cinco minutos después, el tatuaje estuvo listo. No dolió casi nada. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El cubano ya se había ido y mis amigos se acercaban a mirar el prodigio. O más bien, el estigma, ya que ahora de los puntos azules brotaban gotitas rojas. La sangre y la carne de un Cristo que yo no conocía aún, ardían en esa cruz que comenzaba a cargar. Rompí el silencio de mis amigos para preguntar quién iba a seguir con el ritual. Todos dieron excusas distintas, mientras miraban fijamente los pequeños hilos sanguinolentos. Nadie siguió. Subí enfurecido la escalera y me empecé a refregar con fuerza el brazo. La esponja con jabón me irritaba más la herida y sólo la sangre se borraba. Sé que estuve mucho tiempo en esa tarea. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Mi madre me confirmó que nunca se borraría. Mi padre nunca le hizo mención en mi presencia. Sólo cuando en alguna fiesta alguien le hablaba sobre mi tatuaje, preguntándole quizás cómo me había dejado hacer eso, se veía en su mirada una fatal desilusión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Nunca fui al concurso de “Bailando...”. Lo ganó un flaco que hacía una pirueta que nadie más hacía. Mis amigos siguieron siéndolo hasta que se fueron mudando, o hasta que me mudé yo. Mi confianza hacia el ser humano murió crucificada esa tarde.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Heridas, tatuajes, muertes: marcas; van apareciendo en estos escritos aún sin corrección. Marcas en el cuerpo y marcas en el alma se van pisando unas a otras para salir al exterior. Todas quieren ser protagonistas de una gran historia, y yo todavía no junto valor para decirles que tal vez queden perdidas en este simple blog. El cuadro aún es una idea abstracta, sólo manchas que van salpicando lienzos sin orden ni coherencia, y que este inexperto pintor de brocha gorda va colgando en las paredes de una casa ocupada por extraños. Algunos verán un intento de obras de arte, otros verán mamarrachos decadentes. Muchos otros no verán nada más que culos, contagiados de ese virus.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Como todo lo que muere en una cruz, mi confianza en el ser humano eventualmente resucitó. Pero esa es otra historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-1559862495304181271?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/1559862495304181271/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=1559862495304181271&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/1559862495304181271'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/1559862495304181271'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2011/03/culo-nene.html' title='Culo, nene.'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-1609232817016214368</id><published>2011-02-27T02:40:00.000-03:00</published><updated>2011-02-27T02:41:07.552-03:00</updated><title type='text'>Flores nocturnas</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;En jardín de infantes, jugábamos a una ronda salvaje que se llamaba: “El que se cae tiene novia”. Consistía en girar entre todos tomados de la mano, cada vez más rápido, hasta que alguno se caía y era el hazmerreir público por un rato. El resto gritaba: “¡Tiene novia! ¡Tiene novia!”, apuntando con el dedo al caído. En inglés, enamorarse se dice “caer en amor”, o “caer enamorado”. Tal vez la expresión se acuñó del mismo juego. En lugar de caer, yo salí literalmente volando hacia una canilla del patio de la escuela 23. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;¡Cuánta inocencia! En esa época era una vergüenza para un chico como yo tuviera novia. Hoy los infantes fanfarronean de tener cuatro o cinco novias en jardín. Me acuerdo de ir con mis amigos al parque Lezama a espiar parejitas y, escondidos entre las plantas, carraspear cuando los tortolitos se besaban, pensando que con eso les iba a dar vergüenza. Algunos, en efecto, dejaban de besarse al sentirse observados por nenes. Salíamos corriendo y riéndonos de esa heroica pavada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Tirado en ese patio, no llegué a escuchar los gritos acusadores porque el tajo que se abrió en mi ceja izquierda hizo que me llevaran de urgencia al hospital. Me dieron cinco puntos mientras yo, seguramente shockeado, miraba impasible las manos del cirujano, sentado en la camilla. “¡Qué valiente!”, decía mi vieja al ver que soportaba el dolor. La humillación de haber caído era más fuerte. Mi vieja me contó que en la sala de espera le acaricié embelesado la pierna a una mujer en minifalda, sentada a mi lado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Mi primera novia la tuve un año después. Estaba una noche jugando en el patio del hotel con otros chicos, entre ellos Paola, una vecinita que debe haber tenido mi edad. En un momento, le comenté que mi mamá me había comprado una cartuchera nueva llena de lápices de colores. Paola me pidió que se la mostrara. Le contesté que no me dejaban usarla fuera de la escuela. Ella me dijo al oído que si le dejaba ver la cartuchera, iba a ser mi novia. A los dos minutos, estaba sacando la dichosa cartuchera de debajo de la remera para que la vea. Así me gané mi primer beso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;No sé si Paola se acordará de todo esto. Al año, estaba emigrando con sus viejos a Suecia. De nuestro idilio sólo recuerdo las cartas que nos mandábamos de mi habitación, la 59, a la suya, ¿la 27?, usando de correo a mi hermana mientras los dos estábamos enfermos de varicela, paperas o alguna de esas cosas. Quién sabe qué habrán dicho esas cartas. Dicen que cuando uno está viejo, cerca de la muerte, se recuerdan esos detalles. Tendré que esperar para enterarme.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Me acuerdo de Vanesa, mi primer amor oculto. Compañera de toda la primaria, jamás se enteró cuánto me gustaba. No creo exagerar al llamar “amor” a esas sensaciones. Otros lo llamarán infatuación, limerencia, atracción o como sea. De todas formas, me limitaba a mirarla con pasión, a oler su pelo en la cercanía, a dejarle regalos en el pupitre, a quererla en silencio. Con Vanesa comprendí que, por más fuerza que haga, la telepatía no existe.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;¡Ay, Pompeyo! ¡Cómo me retaba en sus clases de teatro, hace unos años!: “¡Basta de ese romanticismo heroico, Toro! El héroe romántico melancólico se desgasta en su repetición. Vas a tener que quemar esas naves para ganar otros territorios”. La época pompeyana merece un libro aparte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;A mis once años, llegó a la habitación 38 una familia de chinos. La única hija tendría mi edad, calculo. Lamento no recordar su nombre. No cruzó conmigo jamás otras palabras que el saludo. Sin embargo, yo sentía su mirada sonriente cada vez que nos encontrábamos. Tal vez yo fui su amor oculto. Eran refugiados, como todos los que vivíamos en ese hotel. Eso significaba que algún organismo de Naciones Unidas nos pagaba la renta. No comprendí lo que significaba la palabra refugiado hasta muchos años después. Mi viejo era refugiado político, por poco se salvó de ser secuestrado por los servicios del temido Plan Cóndor. Y por cabeza dura, y querer a este país, no quiso que nos enviaran a Ginebra o algún otro punto europeo. La cosa es que un día golpeó nuestra puerta el vecino de la 38 y le pidió a mi viejo ir a conversar en privado. Supe después que nuestro camarada chino le había ofrecido arreglar mi casamiento con su hija.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Muero por saber la forma en que ese pedido fue expresado (el hombre pensaba que yo era un buen partido para su hija) y la cara de mi viejo al recibirlo. Seguramente habrán hablado largo y tendido (mi viejo era un gran conversador, como todo hombre habituado a los asuntos políticos). Si existe un más allá, me enteraré de la amable forma en que mi viejo le dijo “No, gracias”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Imagino que si le hubiera dicho que sí, no me habría negado a tal honor. Todo era posible en ese micro mundo mágico del hotel. Probablemente mi viejo le habrá dicho que yo era lo bastante grande para decidir por mi cuenta. Hacía dos años que me había tatuado una cruz en el brazo sin pedirle permiso a nadie, así que quizás realmente lo era. No, no es un buen ejemplo. El tatuaje fue una reverenda estupidez.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;En todo caso, nunca nadie me preguntó si quería casarme con ella. Nos seguimos cruzando y saludando como siempre hasta que se fueron del hotel y pusieron una rotisería.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Boris y Brian eran dos chicos que tuvieron un paso fugaz por el hotel. Chilenos como yo, sus padres sí decidieron emigrar a la gran Europa. En ese tiempo intermedio entre Chile y el otro lado del Atlántico, en esa interfaz que era el hotel, me enseñaron el primer juego sexual. Consistía en entrar a uno de los baños de la planta baja, encerrarnos y “cojerse a la pared”. Sacábamos nuestros diminutos penes y los apoyábamos contra los azulejos, ejerciendo presión rítmicamente. ¡Literalmente era cojerse a la pared! Obviamente, emitiendo los clásicos “ah” y “oh” del caso. No sé qué les pasaría a ellos, pero yo no sentí nada más que frío. Fue debut y despedida para mí. Nunca más los acompañé a su rutina.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;En la habitación 32 vivieron dos hermanas de nuestra edad. Ambos padres trabajaban todo el día y ellas quedaban al cuidado de nadie. En el hotel, las amistades se hacían desde el primer día. Sólo bastaba salir al patio, saludar, hacer las presentaciones del caso, decir: “¿Somos amigos?” y ponerse a jugar. Cuando uno se encariñaba con los amigos, éstos se mudaban. Fuimos pocos los que nos mantuvimos tanto tiempo como mi amigo Orlando y yo. En mi caso, fueron seis años, hasta cumplir mis doce. Orlando se quedó un poco más, para su pesar. El caso es que rápidamente pasamos a jugar con las hermanitas de la 32. Y rápidamente también, los juegos en su habitación derivaron en sexuales. Lo más curioso es que ellas eran las que ideaban dichos juegos. Juegos sexuales de niños de diez años, aclaro. El clásico doctor, los secuestros, las “escondidas” en la habitación a oscuras, el papá y la mamá, ese tipo de cosas. No pasaban más allá de toqueteos y simulacros. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Para entender esto, hay que comprender que en el hotel vivía (mayormente) una familia entera por habitación. Mi familia tenía el privilegio de tener dos habitaciones: una para mis hermanas y otra para mis viejos y yo. La mayoría de los chicos veían u oían a sus padres hacer el amor por las noches, lo que exacerbaba su sexualidad a una edad más temprana que los demás. Mi caso era antagónico. Yo, en esa habitación, crecí reprimido en mi sexualidad. Mis padres se las arreglaron para que jamás vea u oiga nada, no sólo las relaciones sexuales entre ellos, sino todo atisbo de acercamiento en la televisión y otros medios. Algo normal para la época. Lo que falló fue que todo lo que no veía puertas adentro, lo terminaba viendo en ese mundo-hotel. Lo cual era en modo alguno permitido hablar y discutir en mi familia. De esta manera, esta asincronía afuera-adentro, hizo que tuviera dos vidas paralelas. En “casa”, yo era un angelito inocente, y afuera era otra persona completamente diferente. No tengo los conocimientos académicos para poder explicar esto psicológicamente y hacer un ensayo sobre sexualidad infantil. Sólo cuento algunas cosas que me tocaron vivir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Dije que tenía dos vidas paralelas, pero en realidad eran tres. La tercera era la escuela, que podría definir como una mezcla de las otras dos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;En tercer grado, seguía sintiendo vergüenza de “tener novia”. Lo que divertía mucho a una compañera que llamaré aquí Verónica (no recuerdo su nombre real). Era una criatura hermosa. Siempre buscaba excusas para hablar conmigo, para estar cerca. En los recreos, venía corriendo a mi lado a charlar. En realidad, monologaba ella mientras yo miraba a mis compañeros que se reían porque yo “tenía novia”. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;En mis clases de teatro con Serrano, hace unos años, me trataban de enseñar el significado de “conflicto”. En resumen, el desear  con ansias algo y no poder hacerlo por equis motivo. Los profesores trataban condescendientemente de explicarle a jóvenes-sin-vida, de qué se trataba esta lucha de fuerzas. Bueno, señores, debo confesarles que conocí el significado de conflicto a mis ocho años, gracias a Verónica. Gracias. La época Serrano no merece un libro aparte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Verónica me gustaba mucho. ¿Quién era esta chica hermosa que venía a buscar a un freak como yo como compañía? Habiendo tantos otros compañeros bellos y simpáticos, o con personalidades destacables, no me entraba en la cabeza qué buscaba esta niña. Hablarme a mí. ¿A mí? ¡No, imposible! “¡Andate!”, le decía. “¡No me molestes!”, le gritaba. Y salía corriendo hasta la otra punta del aula, o del patio de la escuela (26, esta vez). “¡Pero no te vayas!”, pensaba. “¡Acercate!”, suplicaba en silencio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Hasta que un día, para no dejarme escapar, me acorraló contra la pared, puso un brazo a cada lado mío, y me dijo que yo le gustaba. Nunca le dije que ella también me gustaba. Si este no es un conflicto, entonces haré desaparecer esa palabra. Y yo sin nadie a quién preguntarle qué hacer con esta chica. A nadie a quién contarle lo bien que me hacía sentir ni que me aconseje cómo actuar. No. Nadie te enseñará a vivir, me contestaba mi soledad. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Cuando terminó el año me pidió el teléfono, para llamarme durante las vacaciones. La única forma de ubicarme por teléfono era marcar el número del hotel, 362-4972, y preguntar por la habitación 59. Jamás le diría eso, me hubiera llenado de humillación el decirle que vivía en un hotel. Le di el número 362-4986. Nunca más la volví a ver. Cada vez que escucho “Leave! But not leave me!”, de Time, de Pink Floyd, me acuerdo de Verónica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;Esto va saliendo así. De a poco se van abriendo los pétalos de las flores nocturnas, como decía Atanasio Fet. Se van rompiendo las esferas de cristal en que se guardan los recuerdos y saltan pedazos por todas partes, salpicados desordenadamente por el suelo. Los barro y trato de atesorarlos antes que se desintegren por el aire. No todo es romanticismo heroico, Yito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   &gt;No Toro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-1609232817016214368?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/1609232817016214368/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=1609232817016214368&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/1609232817016214368'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/1609232817016214368'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2011/02/flores-nocturnas.html' title='Flores nocturnas'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-8779973352035963200</id><published>2011-02-26T01:59:00.009-03:00</published><updated>2011-03-23T08:19:31.178-03:00</updated><title type='text'>Crónica de un niño Toro</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Mis primeros recuerdos son de sueños. Toda la vida me ha encantado soñar.  Si le sumo a mis años vividos el tiempo soñado, me doy cuenta que he vivido muchas vidas. En Abaddón el exterminador, Sábato decía que hay niños que acumulan en su mirada los descensos infernales al reino de los sueños. Yo debo haber tenido esa mirada cuando niño. Uno de mis primeros sueños recurrentes en mi infancia, lo recuerdo como sólo una sensación: tener una burbuja de energía entre mis manos. Y no saber qué hacer con ella. Sentir una mezcla de miedo y alegría, y no saber con cuál quedarme, cuál era la correcta sensación que debería tener. No tener a nadie a quién preguntarle si era eso normal, si estaba bien el tener ese poder en mis manos, si me era permitido. No tener a nadie a quién pedirle consejo sobre qué hacer con eso. Nadie.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El primer sueño que escribí lo tuve a mis seis años. Sucedió en un lavadero en la terraza del hotel en que vivía. En realidad era una habitación con dos piletas, que las vecinas usaban para lavar la ropa. Una vez me subí a una de las piletas y metí el dedo en una lamparita rota que había en la pared. El sacudón de la electricidad no me asustó; me dolió pero no lloré. En cierto modo, me fascinó. Creo que eso decidió mi orientación técnica. Volviendo al sueño, entraba yo al lavadero y en la pared izquierda veía un agujero: la entrada a una cueva. Mi curiosidad a lo desconocido me atraía hacia el interior. Apenas logré meter la cabeza y unos Morlocks (años después, al ver La máquina del tiempo, supe su nombre) me recibieron no muy amigablemente. Como perros de casas ajenas, podría decir. No ladraban, pero emitían sonidos guturales en los que se percibía el mismo miedo. Ellos me tenían miedo, y me echaban a los empujones. Lejos de amedrentarme, trataba de ver qué había más allá, más al interior de la cueva. Me desperté sin saberlo. En la escuela pidieron que escribamos un sueño y escribí sobre esos seres, que describí como monstruos. Inventé una historia sobre lo que pasaba después de entrar a la caverna, que no recuerdo. Lo que me dejó como enseñanza que las mentiras no se recuerdan. La señorita Mónica me puso Muy bien 10. La misma que me desaprobó un dibujo de un policía inglés, o bobby, tocando un tambor. En mi dibujo del bobby describí toda la trayectoria del brazo desde lo alto hasta el tambor como una secuencia de brazos iguales, todos con el correspondiente palillo de tambor. La señorita Mónica me desaprobó diciendo que las personas no tenían 20 brazos derechos. “Dibujaste un pulpo”, me dijo sonriendo con lástima. No recuerdo haber tratado de explicarle que representé todo el movimiento del mismo brazo. Simplemente me di cuenta que no fui comprendido. Otra enseñanza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;De ese tipo de enseñanzas tuve en la escuela. Aprendí a hacer lo que se esperaba que hiciera y no lo que quería hacer realmente. Aprendí a ser un mediocre. Aprendí que todo trazo de originalidad, todo lo que me hacía destacar (no voy a referirme a mí mismo como artista, no leo esa clase de libros) era reprimido. Tenía una gran capacidad para el aprendizaje, por lo que terminaba rápidamente las tareas y luego me ponía a soñar despierto, mientras esperaba que terminaran los demás. O me dedicaba a molestar, por aburrimiento. La dirección era el lugar donde terminaba bastante seguido. En mi escuela había dos grados por año. El “A” era el de los chicos problemáticos y el “B” el de los buenitos y estudiosos. Debo al director Aldrighetti, al que nunca, por vergüenza, le pude agradecer en vida, el haber permanecido en este último.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Otra cualidad que alcancé fue la de llevarme bien con los “tragas” y con los “piolas”. Con los años me di cuenta que terminó siendo un defecto más que una ventaja. Ya que al estar entre estos dos grupos, terminé al mismo tiempo no formando parte de ninguno. Terminé la primaria sin amigos. En parte por ésto y en parte por mudarme de San Telmo a Lanús. No volví a ver a mis compañeros hasta unos años después, en una fiesta de ex alumnos, en la que me sentí sapo de otro pozo. Hoy recorro San Telmo, barrio de mis amores, bastante seguido pero jamás me crucé con ninguno. Tampoco creo que pudiera reconocerlos. Apenas recuerdo un par de nombres.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Los recuerdos se amontonan, se superponen, todos quieren salir y se atoran en el cuello de botella de mi memoria. Los que más fuerza hacen son los malos recuerdos, obviamente. Las peleas, las traiciones, las desilusiones, los amores secretos que nunca declaré y me hicieron sufrir, las cagadas que me mandé. Todo guardado. Todo resistiéndose al olvido. Hesse decía que el hombre recuerda con alegría su niñez porque olvida todo su sufrimiento. A mí eso no me pasa. Yo recuerdo mi niñez con alegría porque, a pesar de todos los sufrimientos, mi burbuja de energía no me dejó caer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La última vez que lloré con ganas fue hace un tiempo, ya con más de treinta años, al pensar en mi niñez y ver a un niño solo. Este niño no lloraba en esa imagen, tampoco sonreía. Sólo tenía los ojos bien abiertos, expectantes. Pero estaba solo. Completamente solo y sin nadie que lo escuchara ni le diera consejos sobre la vida. Creciendo solo y enfrentándose al mundo que se hacía cada vez más grande a su alrededor, solo con su mirada hacia un futuro que, creía, le daría revancha. Cada vez que puedo, abrazo a ese niño solitario y le digo que no se preocupe, que todo irá bien, que tenga aguante y paciencia. Que todavía no le pude dar revancha, pero que no pienso bajar los brazos hasta verlo sonreir. Este hombre del futuro, en el que depositó todas sus esperanzas, hoy tiene fuerzas gracias a él. Si él pudo sobreponerse a todo lo que pasó siendo tan solo un niño, qué no podrá hacer este hombre que se siente abrazado también por su pasado. Juntos, de la mano, podremos frente a todo lo que nos espera. Todavía queda esperanza en el futuro. Hoy, al menos, hemos vuelto a escribir sobre nuestros sueños.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;iframe title="YouTube video player" style="float:left; margin:0 10px 10px 0" width="320" height="265" src="http://www.youtube.com/embed/NrEmLFnkstc" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-8779973352035963200?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/8779973352035963200/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=8779973352035963200&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/8779973352035963200'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/8779973352035963200'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2011/02/hoy-hemos-vuelto-escribir.html' title='Crónica de un niño Toro'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://img.youtube.com/vi/NrEmLFnkstc/default.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-113962127486996295</id><published>2006-02-10T22:24:00.001-03:00</published><updated>2011-04-29T12:02:37.146-03:00</updated><title type='text'>Veinte cuadras</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/_29_0263%20.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/320/_29_0263%20.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Veinte cuadras entre el bar donde nos conocimos y tu casa. No quería quedar mal con vos, así que fueron veinte cuadras de silencio...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;El miedo, baby...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miedo a que no me salgan las palabras, al sonido de mi voz, a que el ruido de la calle tape mi voz, miedo a bostezar, a tu indiferencia, a aburrirte, miedo a ser demasiado lento, a zarparme, a parecer demasiado torpe, o demasiado vivo, o fanfarrón, o un salame, o cagón, o soberbio, miedo a decir pavadas, a hablar más de la cuenta, a sesear, a tartamudear, a hablar gangoso, a tirar fruta, a que parezca una entrevista, miedo a esquivar tu mirada, a mirarte demasiado fijo, a incomodarte, a ser inoportuno, miedo a hablar despacio, a gritar, a reirme mucho, a darte la razón aunque no la tengas, a mentir, miedo a salpicarte saliva, a que se me junte baba en la comisura de la boca, miedo a que se me escape un furcio, o una puteada, o un gallo, o un eructo, o un moco, o un pedo, ¡o todo junto!, miedo a rascarme la oreja con el dedo meñique, a que veas mis uñas sucias, mis lagañas, a que se me noten los dientes faltantes, a tener restos de comida entre los dientes que me quedan, miedo a que pienses que soy puto, miedo a mirarte las tetas y que te des cuenta, miedo a ponerme al palo y que te des cuenta, miedo a que creas que sólo te quiero coger, miedo a decir toda la verdad, miedo a darte lástima, a perder el control, a perder la calma, a paralizarme, a gesticular demasiado, a temblar de nervios, a sudar las manos, a tener mareos, a vomitar encima tuyo, a prenderme fuego, a delirar de fiebre, a que me baje la presión, a desmayarme, a morir en el intento, miedo al silencio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de tu portazo, me tardó un año en volver a crecer la lengua. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe title="YouTube video player" style="float:left; margin:0 10px 10px 0" width="320" height="265" src="http://www.youtube.com/embed/JPEeVVyEmWg?fs=1" frameborder="0" allowfullscreen=""&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-113962127486996295?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/113962127486996295/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=113962127486996295&amp;isPopup=true' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/113962127486996295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/113962127486996295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2006/02/veinte-cuadras.html' title='Veinte cuadras'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://img.youtube.com/vi/JPEeVVyEmWg/default.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-112760766726150765</id><published>2005-09-24T21:18:00.000-03:00</published><updated>2005-09-24T21:21:07.266-03:00</updated><title type='text'>Y nunca más lo volví a ver</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Una vez me dijo Polo (y nunca más lo volví a ver) que yo tenía un gran poder en la palabra, y que no lo esconda usando poesía. Fue después de tener una larga charla sobre surrealismo, ese chiche nuevo que me había llegado gracias a Giggy. Mientras El Pendejo (DJ Joy) miraba sin entender, sorbiendo su vaso de cerveza.&lt;br /&gt;Es una tarde calurosa en la que nos escapamos del laburo y nos sentamos en una mesa puesta en la vereda en un bar de Medrano y Humahuaca, a tomar unas bien frescas.&lt;br /&gt;Polo aparece de la nada y nos mira con ojos tristes blandiendo un palo en la mano, una pata de silla, o mejor, de mesa ratona. Parado a un metro de distancia, como una especie de Jesús en el Templo a punto de romper todo. “¿La están pasando bien, sentados, riéndose, tomando cerveza, olvidándose de la tristeza del mundo por un rato?”. Hay un aire de resentimiento en su expresión. “Sí, eso mismo estamos haciendo”, le digo con aire sobrador mientras El Pendejo traga saliva y busca con la mirada una inexistente cámara oculta. Eran ésos tiempos paranoicos. “¿Querés un poco?”, agrego antes de que siga con su ataque, que me parece premeditado y hasta ensayado, quién sabe cuántas veces repetido. OK, esta vez te cambio un poco el libreto, quiero una sorpresa. Después de todo, no puedo defraudar a El Pendejo, que me cree su gurú. Se queda pensativo mirando a la botella mojada y fría, que en días así invita, sensual como nunca, a tomar y callar. Baja la vista, esos ojos de loco de remate apuntan por unos segundos a un chicle pegado en el piso, duro y seco, estriado, pisado por alguna zapatilla imprudente. Después, como volviendo desde el fondo de sus pensamientos, o desde el dictado a su oído de un ser invisible, me mira y sonríe. “Bueno, pero no voy a tomar de arriba. Voy a pagar otra...”, apoyando con la mano libre una moneda de un peso en la mesa. Un peso es poco para pagar otra, pero no le digo nada, me guardo la moneda en el bolsillo y le hago señas al mozo. Luego de las presentaciones, invito a Polo a sentarse y a dejar a un lado el palo. “Lo uso para defenderme, no para agredir”. Llega la nueva botella y sirvo, sintiéndome todo un anfitrión. Bebe, buen hombre, cuéntame tu misterio. Soy sólo un estúpido nene cínico jugando al civilizado y generoso en mi semana mística de hambre vegetariano.&lt;br /&gt;Polo toma desesperado, como si fueran los últimos vasos de cerveza de su vida. A lo largo de la charla son abiertas unas cuantas botellas más, y el trabajo que tengo pendiente se pierde en el olvido, sólo de a ratos aparece el reloj en los ojos de El Pendejo, que teme un despido. Por eso no lo miro, lo puenteo. No quiero sentir la presencia del amo en la mirada del esclavo. Polo tampoco.&lt;br /&gt;“Vengo de hablar con una chica, 28 años la pobre, tiene una enfermedad terminal (uhh), sabe que se va a morir y eso la tiene hecha mierda (pobre). Calculá que cada minuto que paso con ella, es un minuto menos de su vida, ¿entendés? (claro). Así que trato de levantarle el ánimo con cada palabra. Cualquier cosa, cualquier cosa, para que no se encierre con la tele (y sí). No quiere salir de su casa, todavía no la convencí”. Me mira fijo y levanta la voz. “Dejá de hacerte el pelotudo ¿querés?, quiero que entiendas, que realmente te pongas en su piel. Ella no puede venir acá, como ustedes, y sentarse feliz a chupar, como ustedes, y hacer de cuenta que no le importa nada...”. Lo interrumpo con un intento de perorata sobre la recompensa merecida de los que se doblan laburando, no soy ningún nene de mamá, lo gastado es bien ganado, etc. “Dejá, dejá. No entienden y punto”. La botella que llega juega el rol de punto y aparte.&lt;br /&gt;Después, más distendido, nos contó de su paso por Malvinas, de cómo fue iluminado por un ser de otra galaxia, la luz más brillante que jamás había visto y que lo dejó loco, pero lleno de conocimiento y poder. “Soy ingeniero, abogado, psicólogo, arquitecto...”, no salteó ninguna profesión en su currículum verbal. Mientras detallaba sus múltiples ciencias, yo miraba su ropa sucia y gastada, sus zapatillas que no conocieron el descanso, y comenzaba a creer posible su paso por una guerra, pero con el Ejército de Salvación como patria. Un chiste que me guardé para contárselo a El Pendejo más tarde. Un par de cervezas más y capaz que decía que resultaba ser el mismo Presidente. El cinismo para tomar distancia, como barrera contra la posibilidad de creer en algo que nunca nos enseñaron, algo que nos hace sentir pequeños, algo que nos da miedo.&lt;br /&gt;Así que intento deslumbrarlo con las recién aprendidas lecturas surrealistas que rebotan en mi cabeza hueca, en mi mente vacía de verdadera vida. Intento tender un puente entre los dos mundos, un equilibrio necesario. Si vamos a delirar, que sea en un terreno conocido. De más está decir que me saca la ficha y me da vuelta con nombres y apellidos que yo alcanzo a recordar sólo como referencias, con algunas frases sueltas, que bien puestas me hacen parecer casi un entendido en la materia. Polo recita poemas que me hacen mover, incómodo en la silla de plástico blanco. Me empiezo a sentir mareado (mucha cerveza), pero a la vez no puedo dejar de escuchar. “Las orejas no tienen párpados”, me dice, y sigue hablando encendidamente, con otra mirada en los ojos. ¿Estoy preparado para tanto?. Si tuviera un grabador... Cámara oculta, ¿dónde estás? Ya es suficiente.&lt;br /&gt;No. No es suficiente. Nunca es demasiado, me dicen sus ojos de borracho listo. Ahora soy yo el que mira al cielo, al sol que cae, la luz ambiental cambia y me voy reduciendo poco a poco en esa esquina llena de ruido y de gente que pasa y nos mira. Dos borrachos que gritan a la vez y El Pendejo, que ya está resignado, recostado en silencio en la silla, siguiendo mentalmente los culos de las chicas que vuelven de la escuela y moviendo la cabeza en un trance de loops y punchi-punchi.&lt;br /&gt;Y yo voy alejándome de la mesa hacia el cielo que se oscurece lentamente, oyendo cómo el reloj del mundo hace sonar su alarma, que trato de alcanzar para correrla unos minutos, unos treinta minutos y, si se puede, más. Pero no llego, soy pequeño y mis brazos no tienen fuerza para estirarse tanto y hacer que el sol retroceda unos pocos milisegundos luz.&lt;br /&gt;Nunca es demasiado, me dicen sus ojos de borracho listo, falta el premio consuelo que trae toda cámara oculta.&lt;br /&gt;Pido la cuenta, para no callar. “Pendex... ¿me prestás un diez?”. “Bueno, está bien, Polo. Te creo. Ya me tengo que ir a marcar tarjeta. Pero antes, quiero que me digas algo”. Me guiña un ojo, asintiendo con la cabeza. “Vos me dijiste, entre tantas cosas, que sos psicólogo. Estuvimos hablando acá... ¿cuánto...? Tuviste tiempo para verme y escucharme un rato largo”. Mi lengua se traba en esta última frase, semidormida. Sigo con más cuidado al hablar. “Pudiste hacerte una idea de cómo soy. Yo nunca fui al psicólogo, así que no sé si está bien lo que te voy a pedir, pero quiero que me hagas un perfil psicológico, si querés, y que me des unos consejos... ¿Podés?. Digo... por ahí te parece una pavada, vos venís de ver a esta chica, con los días contados...”. No sé qué más decir.&lt;br /&gt;Me mira cuidadosamente, otra vez el dictado silencioso dentro de su cabeza. “Pibe, vos tenés un gran poder en la palabra, pero no lo escondas usando poesía, largalo. Y cojé, cojé mucho, pibe, eso te va a salvar. Largá la paja. Te estoy hablando en términos mentales, entendelo”. El Pendejo suelta una sonora carcajada y yo me ruborizo, pero dejo en silencio que el aire fresco del ocaso me apague. El mozo retira los vasos y limpia la mesa con el trapo rejilla, echándonos silenciosamente.&lt;br /&gt;Polo estira su brazo hacia mí y abre la mano en pose de pastor evangelista. Quiero creer, por un instante quiero creer, así que sigo el ritual televisivo y apoyo mi cabeza en su palma fría y húmeda. Los dos cerramos los ojos. Escucho un susurro inentendible y me dejo ir. Veo cómo las luces se van disolviendo en nubes azules primero, y rojas luego, hasta que se empieza a lavar el fondo de mis párpados que son ahora un lienzo vacío, tan blanco como una hoja no escrita. Y en ese vacío se empiezan a dibujar cada vez más nitidamente unos ojos, luego una boca, una nariz, un pelo enmarcando esa cara que ahora puedo ver claramente. Polo retira su mano. Abro los ojos.&lt;br /&gt;“Pibe, esa moneda que te dí... devolvémela”. Se la doy y se va alejando con una sonrisa socarrona, sus ojos de borracho listo. Le digo que se está olvidando el palo. Hace un gesto con la mano, sin darse vuelta, su mano dice “no importa, ya encontraré otro”. Me cuesta levantarme, estoy pesado y mareado. “¿Vamos Pendex?”&lt;br /&gt;Y esa cara que ví tan nítidamente dibujada como ahora te veo a vos, era la cara de La Rusa, a quien invité a salir esa misma noche por primera vez.&lt;br /&gt;Pero esa es otra historia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-112760766726150765?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/112760766726150765/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=112760766726150765&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112760766726150765'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112760766726150765'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2005/09/y-nunca-ms-lo-volv-ver.html' title='Y nunca más lo volví a ver'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-112760741218728622</id><published>2005-09-24T21:15:00.000-03:00</published><updated>2005-09-24T21:23:03.826-03:00</updated><title type='text'>Vida Breve</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;Cuando el payaso es el dueño del circo, ya no resulta gracioso. Se evidencia el artificio. Ya nadie ríe cuando ve los hilos antes invisibles de su roja nariz. Se amplía el escenario y no hace más que mostrar su escasa altura, termina siendo un enano más en este circo. A pedido de Lucy La Dulce, hace bajar el peligroso trapecio y su amor imposible ya no está tan alto. Los elefantes vuelven a medir, luego de largos años de control, su propia fuerza y rompen las finas cadenas que alguna vez sirvieron para reprimir su locura, aplastando en la arena con saña los malos recuerdos que guardan en su memoria. El desfile de fenómenos ya no es tan excitante para los que pagaron su entrada empeñando lo peor de sus sueños. Los espectadores no se van, porque saben que lo mejor está siempre por venir, ilusamente aún lo creen. El mago no puede con sus viejos trucos para saciar su necesidad de ser niños por una vida breve. Ni mil contorsiones pueden ya hacerlos ver normales frente al espejo en sus paredes, nunca más Señor, protégelos de todo mal, amén.&lt;br /&gt;Por eso el payaso aguanta y su piel se erosiona lentamente con ríos de sal y se demaquilla bajo la lluvia, porque sabe que el público tiende al aplauso con el domador devorado por el tigre salvaje. A la larga, la máscara será su verdadero rostro y el lugar será limpiado silenciosa y pulcramente con blancas hojas de afeitar, y el circo se irá a otra ciudad, de noche, con la satisfacción del trabajo cumplido y la bolsa bajo el sucio brazo culpable.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-112760741218728622?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/112760741218728622/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=112760741218728622&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112760741218728622'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112760741218728622'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2005/09/vida-breve.html' title='Vida Breve'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-112760629584448379</id><published>2005-09-24T20:55:00.000-03:00</published><updated>2005-09-24T21:14:37.206-03:00</updated><title type='text'>Flaca Fénix</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Te bautizo así, mi viejo nuevo huésped nocturno. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Te abrí la puerta en un verano no tan viejo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;&lt;em&gt;Ahora te enciendo para darte vida una vez más. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Quiero dejarte, pero antes de terminar de pensarlo, te vas, dejándome cenizas y un imperceptible temblor. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Sé que sos pasajera en mi casa, por lo que no me vas a poder lastimar mucho. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Sos el blanco de mis caricias y mis besos hasta que aparezca la que espero. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Sos la silenciosa compañera infiel de mi respiración. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Humeante bailarina alocada, formando costas de cartografía imposible. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;No me interesa tu historia, no te pregunto nada, aunque cada tanto, si tengo paciencia, me das pistas del origen de tu vagar, de la tierra de la que fuiste prematuramente arrancada. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Cada tanto vacío tu sucio cementerio para borrar las huellas que no te gusta dejar, las huellas de tantos cadáveres de deshonrosa muerte, abandonados por tu chispa. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Laberinto al cual entré buscando la salida de lo ya perdido, la inspiración que da el misterio. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Tu aroma me recuerda el del pelo enredado de mi primer compañera, el aliento escondido de mi primer amor. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Vela de escasa iluminación, envuelta en suave seda. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Enlace necesario entre mi necesidad y la tuya. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;¿Te acordás de cuando mirábamos la luna en la ventana, y nos parecía un tuerto espía que nos guiñaba su ojo dándonos permiso para lo que no podíamos nombrar? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Ahora &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;que lo podemos llamar por su nombre, no nos molestamos en hacerlo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;&lt;em&gt;Ahora te enciendo para darte vida una vez más&lt;/em&gt;, pensando que será la última vez.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-112760629584448379?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/112760629584448379/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=112760629584448379&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112760629584448379'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112760629584448379'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2005/09/flaca-fnix.html' title='Flaca Fénix'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-112521296818073017</id><published>2005-08-28T04:08:00.000-03:00</published><updated>2005-08-28T04:09:28.180-03:00</updated><title type='text'>El último aire</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Tengo un mapa roto en mí, sin Sur&lt;br /&gt;Llenalo, prepara un tour&lt;br /&gt;Yendo hacia atrás,&lt;br /&gt;Guiame, no sé manejar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volver siempre fue un sueño cruel&lt;br /&gt;Ya no espero al amanecer&lt;br /&gt;Cuenta hasta cien&lt;br /&gt;Se funde el motor en mi piel&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así es como debe terminar&lt;br /&gt;El último aire de felicidad&lt;br /&gt;Hay en mi boca&lt;br /&gt;Mientras bajo la velocidad&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-112521296818073017?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/112521296818073017/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=112521296818073017&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112521296818073017'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112521296818073017'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2005/08/el-ltimo-aire.html' title='El último aire'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-112521284076649278</id><published>2005-08-28T04:04:00.000-03:00</published><updated>2005-08-28T04:07:20.766-03:00</updated><title type='text'>Ser libre no es el fin del escape</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Alergias de almohada por un amor-diente&lt;br /&gt;Es gota de insomnio tu beso en mi frente&lt;br /&gt;Me gusta tu fama de nivel tres en cuatro&lt;br /&gt;La máquina blanda me ofrece este trato&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Ser libre no es el fin&lt;br /&gt;...del escape&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Van cinco mañanas de hielo y de encierro&lt;br /&gt;La fiebre no es trampa si elijo el remedio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;No trago las piedras y esquivo&lt;br /&gt;La guardia vieja al salir&lt;br /&gt;Y cruzo sin puente y sin miedo&lt;br /&gt;Una puerta fácil de abrir&lt;br /&gt;Enfrente me esperás para no dormir&lt;br /&gt;Enfrente me ayudás a no dormir&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Es largo este juego en que nos perdemos&lt;br /&gt;No me tengas miedo, yo soy el que ordeno&lt;br /&gt;Es tu último aliento, es mi último sueño&lt;br /&gt;Se funde de rojo el turno incompleto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Ser libre no es el fin&lt;br /&gt;...del escape&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-112521284076649278?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/112521284076649278/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=112521284076649278&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112521284076649278'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112521284076649278'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2005/08/ser-libre-no-es-el-fin-del-escape.html' title='Ser libre no es el fin del escape'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-112521242726077553</id><published>2005-08-28T03:54:00.000-03:00</published><updated>2005-08-28T04:02:58.413-03:00</updated><title type='text'>The Cautivo (Gualicho Tea)</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Before that day I had a Rancho&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;On the outsides of BA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Came Malon with Zafarrancho&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;And I never was the same&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;I was taken by the savage&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Hungry Pampa women crowd&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;On Matungos a long footage&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;To their Tolderia flowed&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;And you let me live to sing for you&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Little Pampa set me free&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;But you know I can't say No to you&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;With Gualicho tea&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Don't kick me out Mr. Pulpero&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;'Cause I won't be here for long&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;And please call some Curandero&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;For Mandinga's in my soul&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;I used to be a gentle Huinca&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Pajuerano but good man&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Now I'm lazy and Chicha-drinka&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;And I hate the Tucu-men&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Would you let me stay to sing my plea&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Martin Fierro set me free&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;But you know at five o'clock I need&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;My Gualicho tea&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-112521242726077553?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/112521242726077553/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=112521242726077553&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112521242726077553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112521242726077553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2005/08/cautivo-gualicho-tea.html' title='The Cautivo (Gualicho Tea)'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-112521112571324936</id><published>2005-08-28T03:38:00.000-03:00</published><updated>2005-08-28T03:50:47.116-03:00</updated><title type='text'>Imperio Maltés</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;Una mujer baila en medio de la arena. Vestida de odalisca, con el rostro tapado por un velo blanco, sus manos atraviesan el aire cálido con gracia y ternura. Yo la observo extasiado, sentado en un tronco caído. Hay algo en la danza de la muchacha que hipnotiza, que acelera mi frío corazón de soldado. No hay música, pero tampoco es necesario. Baila al ritmo de mis latidos borrachos de placer. Da vueltas como un enloquecido molino de viento, un amuleto de fertilidad que busca hacer renacer el prado que existió hace miles de años en este lugar perdido, hasta que algún tsunami lo convirtió en playa vacía. Sus ojos de color petróleo parecen no notar mi presencia. Soy un intruso espectador, invisible, observando el origen del universo. Siento unos deseos irrefrenables de acercarme y unirme a la danza ritual, pero temo asustarla. El miedo a provocar miedo, lo mismo que me hizo desertar antes de empezar la batalla. Sus pies rozan la arena pero no dejan huellas, debe ser leve como una pluma, frágil como un susurro.&lt;br /&gt;Sigue bailando, rosa del desierto, tengo mucho que olvidar.&lt;br /&gt;Se acerca imperceptiblemente cada vez más, y cada centímetro es un año del pasado que queda atrás. Cuando por fin está enfrente mío, soy un niño de nueve años que ríe inocentemente, pero ¡ay!, demasiado fuerte. Se detiene sorprendida. Contengo mi respiración para que no cese de bailar, pero ya es demasiado tarde. Su oído está alerta, olfatea con cuidado el aire. Me doy cuenta de que sus ojos no pueden ver. Siento como me ruborizo de vergüenza ante el descuido. Me ha detectado. Sus ojos enceguecidos me atraviesan. Afortunadamente parecen sonreir. Lentamente descubre su velo para besarme. Al descorrerlo puedo ver las profundas arrugas que atraviesan su rostro, como el mapa de un país desconocido para mí. Su sonrisa desdentada extrañamente no me produce pavor, sino una atracción gravitatoria que busca arrastrarme a un refugio. Y me dejo caer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Por favor... píntame un cordero!- Me despierta la extraña vocecita de un niño.&lt;br /&gt;–¿Eh?&lt;br /&gt;–¡Píntame un cordero!- repite.&lt;br /&gt;–¡El Principito!– grito levantándome de un salto. Pero cuando se acomoda mi mirada a la luz del amanecer, veo que es un anciano vestido con harapos.&lt;br /&gt;–¡Jajaja! ¿Qué dice, hombre?–. Su voz es cascada y aguardentosa, de un tabernero del infierno. –Llámeme como quiera, pero nada de títulos nobiliarios, por favor. Hace rato que ya abandoné mis funciones.&lt;br /&gt;–¿Quién carajo es usted?– pregunto mientras trato de ubicar el paisaje.&lt;br /&gt;–¿Qué carajo le importa?– me contesta, y su voz pierde toda ingenuidad. Es una voz acostumbrada al mando. No puedo más que doblegarme a su autoridad.&lt;br /&gt;–Per... perdón. ¿Podría ser tan amable de decirme quién es usted?&lt;br /&gt;–Eso no importa, por lo que veo usted no es de aquí.&lt;br /&gt;Hace una pausa y me mira detenidamente, examinando mi uniforme.&lt;br /&gt;–¿Nombre?&lt;br /&gt;–N... no me acuerdo-. Hago un esfuerzo por recordar, pero es inútil.&lt;br /&gt;–Bueno, tranquilo, lo llamaré Sacroig, ¿le gusta?&lt;br /&gt;–No.&lt;br /&gt;–Relájese, Sacroig, es bueno tener compañía. Alguien con quién hablar. Alguien que no me conozca, eso me tranquiliza.&lt;br /&gt;–Per...&lt;br /&gt;–De paso, tengo un poco de hastur en mi pipa. ¿Quiere?&lt;br /&gt;–Yo...&lt;br /&gt;–Fume, Sacroig, fume...–, dice, alcanzándome su pipa.&lt;br /&gt;Fumo un poco de hastur y siento ceder el pánico que me había embargado.&lt;br /&gt;–Usted puede serme de gran utilidad, Sakroig–. Su voz se distorsiona en mis oídos. –Usted será mi enlace, y yo voy a devolverle la memoria.&lt;br /&gt;–¿Mmmh?–. Ya no puedo pensar.&lt;br /&gt;–A propósito... éste es el Imperio Maltés.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-112521112571324936?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/112521112571324936/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=112521112571324936&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112521112571324936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112521112571324936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2005/08/imperio-malts.html' title='Imperio Maltés'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-112468866096684850</id><published>2005-08-22T02:30:00.000-03:00</published><updated>2005-08-28T03:51:36.096-03:00</updated><title type='text'>El Increíble</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;font-size:85%;color:#006600;"&gt;Yo tenía unos 8 años. El Increíble vivía en la única habitación situada en la terraza del Hotel Corrientes. Se sentaba en la puerta a ver pasar las vecinas que subían a colgar la ropa, las parejitas de adolescentes que iban a esconderse de la celosa mirada paterna, y los chicos que subían en busca de aventuras y de ratas.&lt;br /&gt;Yo subía con mi amigo Orlando (de quien supe con los años que fue atrapado in fraganti robando en un supermercado, justo enfrente de la comisaría 2ª.), con C’nen (un refugiado laosiano que me enseñó todos los trucos para ganar a las Damas), Montiel (otro laosiano de cuyo nombre desconfié siempre, ya que me parecía que su padre argentinizó su verdadero nombre. Quién sabe si se llamaba M’teh, o algo así. Siempre me decía que su viejo lo iba a llevar a vivir a Sanviciente), y Sergio (con quien siempre nos peleábamos a la tarde y nos amigábamos a la noche). Y tantos otros que olvidé. Mi memoria es un queso Gruyere.&lt;br /&gt;El Increíble nos mandaba a comprar cigarrillos y nos dejaba comprar caramelos con el vuelto. Era un tipo muy querible. Alto, macizo y con el pelo largo. Le pusimos ese apodo por su parecido con El Increíble Hulk. Y también por su forma de hablar, gutural, totalmente inentendible. Ahora pienso tontamente en un cierto parecido a Gene Simmons.&lt;br /&gt;Fumaba tabaco y porro como condenado. Siempre tenía un cigarrillo en la mano, siempre estaba rodeado por un aura de humo que nos lo hacía parecer sagrado. Así, sentado como un monje profano, nos hablaba a los que nos sentábamos en ronda ante él. Nos contaba historias, o al menos eso parecía. Nos reíamos si él se reía, nos poníamos serios si se oscurecía su mirada al relatar, pero no entendíamos un carajo. Era El Increíble y eso era suficiente para nosotros.&lt;br /&gt;Nuestros viejos no querían que subiéramos a visitarlo. Era un drogón, un loco de la guerra, nos decían. Así nos enteramos que estuvo en Malvinas.&lt;br /&gt;Pero igual nos escapábamos apenas podíamos para sentarnos en el piso y ver sus ojos tristes, su sonrisa cansina. Algunos le pedían que les convide un pucho, pero sus gruñidos nos hacían entender que era imposible. Y ni hablar si alguno se robaba algún cigarrillo del paquete al ir a comprar. Tenía una idea de niñez demasiado pura para esos tiempos. Y es que él mismo era un nene grande, jugando al papá.&lt;br /&gt;Muchas noches, me despertaba un sonido del patio. Un dragón gigante se paseaba con pasos pesados, retumbaban las paredes con el golpe de sus puños, y todo era acompañado rítmicamente por el hondo respirar de ese animal salvaje que tal vez carreteara para levantar vuelo sin lograrlo. Sonaba como un fuelle que agitara el fuego del infierno, como el lobo tratando de derribar las paredes de los chanchitos. Los chanchitos éramos todos los habitantes del hotel, y con su respirar nos advertía que no saliéramos, que algo andaba mal en el país del Nunca Jamás. Recorría arriba y abajo el hotel, para que nadie dejara de estar enterado que el infierno ardía como nunca.&lt;br /&gt;Yo me acurrucaba en mi cama y me tapaba pensando que en cualquier momento el monstruo, que de tanto en tanto cruzaba su sombra por mi puerta, iba a entrar haciendo estallar los vidrios. Una noche, tuve el coraje de levantarme de mi cama y acercarme a la de mis viejos. Ante mi pregunta me dijeron que estaba todo bien, que era inofensivo. El Increíble era un drogón y sufría la abstinencia por las noches.&lt;br /&gt;Me acerqué a los vidrios de la puerta y, descorriendo apenas la cortina, esperé para verlo pasar. Esperaba ver su sonrisa y un guiño en sus ojos diciendo: No digas nada, pero estoy jugando al monstruo. Y entonces saldría, lo abrazaría y yo también iría caminando por las baldosas respirando fuerte y golpeando las paredes. Les diría a mis amigos que hicieran lo mismo y seríamos una legión de dragones asustando a los grandes, como cuando había cortes de luz y salíamos gritando y ululando desaforadamente para exorcizar los fantasmas.&lt;br /&gt;Pero cuando cruzó rápido por mi puerta, me quedé congelado al ver que El Increíble tenía los ojos llenos de lágrimas, y su sonrisa era un rictus tenso que parecía a punto de romper los dientes. El Increíble se había transformado. Algo lo habrá hecho enojar, pensé. Regresé corriendo a acostarme y no me preocupé en las siguientes noches. Yo sabía que después de todo, era un justiciero.&lt;br /&gt;A veces me descubro recorriendo las calles vacías, de noche. Caminando solo y con grandes pasos. Entonces, me acuerdo de él y sonrío. Y empiezo a respirar fuerte. Pero dejo de hacerlo ante la mirada ajena. Me hago el gil y me río de mí mismo, prendiendo un pucho. No hay razón para llorar. El infierno ya pasó, o eso creo. Ya no hay nadie que lo agite como lo hacía El Increíble.&lt;br /&gt;El Increíble montó su dragón y por fin levantó vuelo. No le habrá sido fácil. Una mañana, mientras caminaba hacia la escuela, vi una mancha de sangre en la vereda. Me dijeron que se había tirado de cabeza la noche anterior. Me cagué de risa. Pobres chanchitos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-112468866096684850?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/112468866096684850/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=112468866096684850&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112468866096684850'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112468866096684850'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2005/08/el-increble.html' title='El Increíble'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-112468816252708931</id><published>2005-08-22T02:22:00.000-03:00</published><updated>2005-08-28T03:53:15.343-03:00</updated><title type='text'>Canción Infantil</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#006600;"&gt;La canción del espantapájaros&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy un espantapájaros&lt;br /&gt;Sólo un espantapájaros&lt;br /&gt;Cuidando este campo lleno de plantitas&lt;br /&gt;Pasan hormiguitas, me hacen cosquillitas&lt;br /&gt;Uyuyuyuyuyuyy&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy un espantapájaros&lt;br /&gt;Feliz espantapájaros&lt;br /&gt;Cuidando este campo lleno de loritos&lt;br /&gt;Me enseñan de todo, me cuentan cuentitos&lt;br /&gt;Uyuyuyuyuyuyy&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy un espantapájaros&lt;br /&gt;Un sabio espantapájaros&lt;br /&gt;Cuidando este campo lleno de bichitos&lt;br /&gt;Para hacer sus nidos, me sacan cuerpito&lt;br /&gt;Uyuyuyuyuyuyy&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy un espantapájaros&lt;br /&gt;Un flaco espantapájaros&lt;br /&gt;Cuidando este campo lleno de cuervitos&lt;br /&gt;Con sus picotazos sacan mis ojitos&lt;br /&gt;Uyuyuyuyuyuyy&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy un espantapájaros&lt;br /&gt;Un chino espantapájaros&lt;br /&gt;Cuidando este campo lleno de agujeros&lt;br /&gt;Se viene un vientito y me vuela el sombrero&lt;br /&gt;Uyuyuyuyuyuyy&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy un espantapájaros&lt;br /&gt;Pelado espantapájaros&lt;br /&gt;Cuidando este campo, viene un calorcito&lt;br /&gt;No tengo cremita, me quema un poquito&lt;br /&gt;Uyuuyuyuyuyuyy&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy un espantapájaros&lt;br /&gt;Un negro espantapájaros&lt;br /&gt;Cuidando este campo, acá en Hiroshima&lt;br /&gt;Pero ya hace un tiempo que nadie se arrima&lt;br /&gt;Uyuyuyuyuyuyuyy&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy un espantapájaros&lt;br /&gt;Enfermo espantapájaros&lt;br /&gt;Cuidando este campo quién sabe hasta cuándo&lt;br /&gt;Viene un angelito, lo sigo volando&lt;br /&gt;Uyuyuyuyuyuyuyy&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-112468816252708931?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/112468816252708931/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=112468816252708931&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112468816252708931'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112468816252708931'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2005/08/cancin-infantil.html' title='Canción Infantil'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15658752.post-112468690429321137</id><published>2005-08-22T02:01:00.000-03:00</published><updated>2005-08-28T03:52:37.590-03:00</updated><title type='text'>Un Nuevo Comienzo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;Gracias a la inspiración de mi amiga Jélen, visceralista siempre en estado salvaje, me animo a transplantar algunas mutaciones internas, para que se reproduzcan y provoquen a largo plazo algún tipo de evolución, sobreviviendo a las defensas orgánicas de la vergüenza adquirida. Hoy ya es tarde.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15658752-112468690429321137?l=notoro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notoro.blogspot.com/feeds/112468690429321137/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15658752&amp;postID=112468690429321137&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112468690429321137'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15658752/posts/default/112468690429321137'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notoro.blogspot.com/2005/08/un-nuevo-comienzo.html' title='Un Nuevo Comienzo'/><author><name>Toro</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12381308669362436875</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://photos1.blogger.com/blogger/3635/1456/1600/a.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
